< Francamente querido, me importa un bledo.




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Era el canario un primor y era su dueño un pequeño, que velaba con empeño los cuidados del cantor.
Era un precioso ejemplar de color adamascado era un preso resignado a la misión de cantar.
Era sensible escuchar de su garganta sonora la nota grave que llora en un constante ronar. 
Daba a entender su trinar de que una angustia sufría porque falto de alegria era su flauta un penar.
Un cierto día su dueño el candoroso pequeño que se solia extasiar. 
Al contemplar los fulgores de tan divinos colores y tan hermoso cantar. 
Elevo al cielo su queja porque predido a la reja la la pequeña prisión.
En lenta y triste agonia su fiel canario moria sin comprender la razón. 
Preso de un hondo quebranto subió a sus ojos el llanto y con infante emoción. 
Sacó de la jaula al preso, poso de su boca un beso sobre el rosado plumón.
Y en su mano temblorosa quedó dormida una rosa que tenia corazón.
La cajita de madera la misma que contubiera, lapicitos de color;
Fue la morada postrera de aquel que en su vida fuera, su mas preciado valor.
Y a distancia muy escasa, de un legendario nogal...
Lloró la pobre criatura, al cavar la sepultura, de su cantor sin igual ~